Dialoguemos…

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Vivimos en una sociedad donde se priorizan argumentos, narraciones y versiones relacionadas a situaciones violentas, maltrato generalizado, familias disfuncionales, parejas en conflicto y complementariamente rígidas, donde hay padres ineficaces e intolerantes, con hijos adolescentes. Desde mi experiencia profesional y personal, sólo pretendo que “Terapia familiar sistémica” sea un espacio para crear mundos posibles, tolerantes y amorosos. Y es precisamente esa tolerancia y amor que impulsó a dos de mis hijos, el mayor y la menor, Renzo y Valeria, abogado uno, fotógrafa la otra, a ayudarme con este blog. Sin ellos y sin ustedes, queridos lectores, este diálogo desde el sótano no sería posible.

Una confesión…

Mi acercamiento a las familias empieza en Buenos Aires, en 1989, cuando estuve internado en la comunidad terapéutica “El Castillo”. Allí observé el trabajo con familias de jóvenes con problemas de drogas.

A mi regreso, me di con la sorpresa que en Lima no existía ningún centro de formación hasta el año 95. En ese año me enteré que la “Escuela de terapia familiar”, dirigida por Rocío Huamán, abría una nueva convocatoria para la 3era promoción (que fue la última antes de cerrarse), con el auspicio y la acreditación autorizada por Juan Luis Linares -quien sería, poco después, mi entrañable amigo- inicié mi formación en terapia, que duró 2 años.

Hoy, después de tantos años, continúo dedicándome a la terapia familiar sistémica con colegas y amigos, entre ellos Dunia Cayo y Carlos Gavancho. Muchos alumnos y actuales terapeutas sistémicos “pasaron por nuestras manos“. El programa de formación  que hasta ahora se ha mantenido es el de Barcelona, sostenido y legitimado por Juan Luis Linares, siendo que hemos tenido la suerte de que la gestión de la formación pase por distintas universidades e institutos de formación terapéutica; en algunas universidades como maestría y en otras como diplomados.

Pero a quien tengo que admirar y agradecer de manera gratificante es a las múltiples familias que me acogieron en el sistema terapéutico. De ellas aprendí hasta dónde podemos llegar y cuáles son nuestras limitaciones. Gracias a todas aquellas familias que me dieron su confianza en la labor de la terapia familiar sistémica, pues seguí creciendo al lado de ellas y, a través de sus descubrimientos, conseguimos co-crear, juntos, realidades distintas a las que nos toca sufrir.

A todas ellas: muchísimas gracias.

La esquizofrenia desde la perspectiva del modelo sistémico

El Grito¡Hola de nuevo! ¡Tanto tiempo sin nuestros diálogos desde el sótano! Comparto con ustedes un material que podría serles de utilidad. Espero sea de su agrado.

Creando el contexto terapéutico

Con las debidas disculpas por no colgar nada después de un buen tiempo (las clases y el trabajo me absorbieron), comparto con Uds. algunas reflexiones.

Creando el contexto terapéutico

1. Orden de composición o tejido de ciertas cosas.

2. Enredo. Unión de cosas que se enlazan y entretejen.

3. Serie del discurso, tejido de la narración. Hilo de la historia.

Contexto: “Se denomina contexto  (del latín contextus, entretejido) al marco en el cual la conducta  y los mensajes verbales y no verbales se hacen significativos.

  • La conducta  tiene que comprenderse dentro de su contexto.
  • Los  distintos contextos interpersonales son  regidos por reglas  de conducta diferentes.
  • El síntoma es considerado como incluido dentro del contexto y/o determinada por el contexto.
  • El síntoma tiene un significado dentro el contexto familiar.

En el contexto terapéutico  familiar no nos centramos específicamente en el individuo. La perspectiva se amplia. Hay una ampliación del síntoma  hacia el sistema. En la terapia familiar incluimos el sistema en que el individuo está insertó.

En el contexto terapéutico  pertinente  de las interacciones  y de las reglas en las que se organizan las conductas relacionales de sus miembros.

Observamos  y nos observamos inmersos en los  entre agrupamientos de la familia. Actuamos como si estuviéramos en la ‘cocina de la familia.

Withaker decía  a las familias, con el objetivo de ir creando el contexto terapéutico:

“Yo soy una especie  de entrenador de béisbol, no estoy  jugando en el partido. Ustedes son los que tienen que tomar las decisiones definitivas sobre lo que hacen con su vida”.

Él recomienda:

  • Ser sincero en la familia al establecer las condiciones para trabajar.
  • No transformarse en un miembro de la familia.
  • Ser personalmente receptivo  de sufrimiento pero no  reside en aceptar  responsabilidad alguna por su vida real.
  • No se les ahorra el esfuerzo para el cambio.                                  

Esto significa que es importante establecer la definición de los  roles en el contexto de la terapia.

La evaluación del contexto desde el punto de vista  del diagnóstico equivale a la evaluación del sistema pertinente; la familia llega con expectativa sobre el rol del terapeuta; por ello es importante ir redefiniendo el rol y el motivo que  trajo a la familia a la consulta.