Terapia familiar sistémica y derivación

Toda derivación a terapia familiar debería sustentarse en los criterios que generan una deducción en el derivador. La derivación no enfoca la disfunción familiar que podría estar provocando y manteniendo el síntoma, a no ser que se desborde la violencia, haya alguna denuncia o algún vecino constate el maltrato físico y psicológico de algún miembro de la familia -generalmente alguno de los padres- que justificaría la necesidad de terapia familiar.

La derivación del paciente señalado o identificado por la familia influye en el derivador, medico, psiquiatra, profesora del colegio, un familiar, etc.

Aquí algunas circunstancias en donde puede justificarse esta derivación:

  • La profesora o un tutor del colegio nos dice  que nuestro hijo tiene problemas en el colegio y  tiene un “mal comportamiento”.
  • Cuando nuestro hijo no aprende las lecciones –a pesar del esfuerzo– en el colegio y en casa.
  • Cuando hay violencia o malos tratos dentro de la familia, como parte de la comunicación familiar y que, de alguna manera, está afectando a los hijos.
  • Los duelos familiares, si bien son formas naturales de afrontar la muerte y el fallecimiento de un miembro significativo de la familia, la pérdida se hace mucho más traumática cuando quien fallece es un hijo y de manera inesperada.
  • Un miembro familiar sufre una  “enfermedad biológica”, degenerativa e invalidante, generando aflicción y crisis familiar.
  • Cuando los padres se separan o cuando están ante una separación inminente, ya que los hijos se triangulan o en el proceso de separación se judicializa, enfrentando a los hijos contra el progenitor.
  • Cuando nuestro hijo se siente triste o deprimido por problemas en la relación familiar.
  • Cuando uno de nuestros hijos “se introduce” en medio de la relación de pareja de los padres, tratando de desviar hacia su conducta el problema familiar.
  • Cuando nuestra hija de 14 años se va de la casa a vivir con la amiga, a pesar de que nos dijo que se iba a escapar.
  • Cuando nuestro hijo de 19 años decide dejar la universidad para trabajar, pero los padres descubren que ha estado faltando a clases y esta desaprobado en varios cursos.
  • Cuando nuestro hijo de 6 años aún duerme en la cama de los padres, teniendo su dormitorio y propia cama, y los padres se sienten impotentes de su sobre apego hacia ellos.
  • Cuando nuestro hijo tiene dificultades para hablar y se traba, a pesar de que en un inicio hablaba bien.
  • Cuando la conducta de la pareja genera de que nuestro hijo de 12 años se coaligue con mamá contra papá.
  • Cuando los padres no solo discuten sino se agreden delante de los hijos.
  • Cuando papá regresa a casa de manera reiterada ebrio y tira las cosas de la casa, insulta y pega a mamá.
  • Cuando la abuela desautoriza a la madre del nieto.
  • Cuando nuestra hija de 15 años sale embarazada.
  • Cuando los padres discuten por las tareas que lleva el hijo a la casa.
  • Cuando un miembro de la familia se suicida.
  • Cuando nuestro hijo tiene conductas y/o comportamientos repetitivos, y los padres se angustian.
  • Cuando nuestro hijo se relaciona o comunica de un modo en que los demás “no lo entienden”.
  • Cuando los padres “descubren” que el hijo o la hija fuma marihuana en el colegio, en la calle o en la casa.
  • Cuando una pareja joven decide casarse.
  • Cuando una pareja con hijos de un anterior compromiso decide unirse.

La lista es interminable. Y tú, ¿para qué acudirías a una terapia familiar?

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